Van Gogh a través de sus cartas (II)

Si en la última entrada hablábamos de los años que precedían al viaje de Van Gogh a París, continuamos aquí con su llegada a la capital francesa en 1886.

Van Gogh llega a París con los problemas, las ansias y los deseos de un hombre de 1848, con la pasión de un arte realista, y se encuentra en un ambiente completamente diverso. El terreno histórico y cultural en que creció el arte que él amaba estaba revuelto o destruido. Busca un clima, un ambiente, un grupo de pintores que sientan como él. Busca un París semejante al de Millet, de Courbet y de Daumier, pero París ha cambiado profundamente.

Él, que hasta ese momento había hecho una pintura oscura, casi sin color, ahora se ve afectado por los lienzos luminosos, claros y brillantes de los impresionistas, y acoge con entusiasmo la nueva teoría y la nueva técnica. Pero pensaba encontrar un apoyo a sus sentimientos y sus aspiraciones, creía que iba a encontrar a “hombres” y sólo encuentra “pintores que [le] disgustan como hombres”.
Siente que los artistas ya no están integrados en la sociedad, sino apuestos a ésta. Y ahora su vida tendrá un único objetivo: buscar los que históricamente ya no podrá hallar. Lanza sobre la realidad su exaltado amor a los hombres, acoge con su sentimiento la realidad.
Advierte en los cuadros de los impresionistas la ruptura que se establece entre arte y vida.

¡Ah! Cada vez me convenzo más de que los hombres son la raíz de todo y ello me provoca un continuo sentimiento de melancolía por no estar en la verdadera vida, en el sentido de que querría trabajar más en la carne que en el color.

Su propósito es entonces no quedarse solo, “no enfermar, porque si enfermamos nos quedamos más aislados, trabajar en grupo”. Deposita aquí su confianza para hacer un arte verdadero.

Cada vez me convenzo más de que los cuadros que convendría hacer para que la pintura actual fuese verdaderamente ella misma y subiera a una altura equivalente a las cumbres serenas alcanzadas por los escultores griegos, los músicos alemanes y los novelistas franceses, deberían superar la potencia de un individuo aislado. Estos cuadros, probablemente, serán creados por grupos de hombres que se junten para realizar una idea común.

Testimonio viviente de las crisis espiritual del siglo XIX, Van Gogh da vía libre a aquella amplia corriente artística de contenido que es la corriente expresionista moderna.

Van Gogh llega inesperadamente a París en marzo de 1886. En esta época se produce un cambio en el elemento formal del color: comienza a usar colores más brillantes y empieza a mencionar su deseo de mudarse al sur de Francia.

En primavera – digamos febrero o incluso antes, quizá vaya al sur de Francia, la tierra de los tonos azules y los colores felices.

Es también durante la década de los 80 cuando sufre una serie de rechazos amorosos que ponen de manifiesto elementos que indican un desorden de la personalidad: frenéticos intentos para evitar el abandono, un patrón de relaciones personales inestables e intensas, impulsividad, un comportamiento de automutilación, inestabilidad afectiva incluyendo depresión, sentimientos crónicos de vacío y dificultad para controlar la ira.

En  verano de 1887 se denota un tono depresivo en la correspondencia que mantiene con su hermano Theo.

Me deprime pensar que incluso cuando es un éxito, la pintura nunca devuelve lo que cuesta.
Por mi parte – siento que voy perdiendo el deseo por el matrimonio y los hijos y, de vez en cuando, me entristece sentirme así a los treinta y cinco, justo cuando debería ser al contrario. Fue Richepin quien dijo en alguna parte: “El amor por el arte hace a uno perder el amor de verdad”. Creo que es terriblemente cierto, pero por otra parte el amor de verdad te disgusta con el arte.

Y continúa describiendo el que se iba a convertir en su gran sueño.

[…] Y luego me iré a algún sitio al sur, para alejarme de la vista de tantos pintores que me disgustan como hombres.

Cuando el dinero era escaso o no había modelos disponibles, Van Gogh, como muchos otros artistas, recurrió al modelo de más fácil acceso: él mismo. Los autorretratos de la época en París parecen ser donde trata sobre diversos personajes en su proceso de auto-descubrimiento y madurez.

París había sido una especie de campo de entrenamiento para Van Gogh, un lugar donde aprendió a renunciar a los tonos oscuros de su estilo anterior. En París se codeaba con muchos artistas, entre los que se encontraban Toulouse-Lautrec, Anquetin, Émile Bernard, Monet, Renoir, Manet, Degas, Seurat, Signac, y Gauguin.
En París, Van Gogh aprendió los matices del impresionismo. Pintó flores en tonos alegres en lugar de patatas marrones y polvorientas y zuecos de madera holandeses.

Pero a largo plazo, Van Gogh necesitaba una mayor libertad de expresión, una pincelada más rápida y más flexible, un estilo más apasionado: tenía que encontrar su propio camino, su propia odisea, y eso significaba mudarse al sur de Francia.
En 1888, en su búsqueda de un campo abierto donde pudiera sentirse como en casa entre los campesinos, decidió ir al sur de Francia. Arlés se convirtió en el gran sueño de Van Gogh, el lugar donde quería fundar una comunidad de pintores.

A su llegada a Arlés se encontró con un invierno especialmente duro, aunque esto no desanimó al pintor, que se había trasladado al sur en busca de luz y color.

Y los paisajes en la nieve, con las cumbres blancas contra un cielo tan luminoso como la nieve, eran como los paisajes invernales que los japoneses han pintado.

Van Gogh, en su viaje a Arlés, se había imaginado a sí mismo de camino a Japón: el sur de Francia se convirtió para él en su mente en su Japón.

Pero intensificando todos estos colores se logra de nuevo la serenidad y la armonía. Ocurre con la naturaleza algo semejante a lo que sucede con la música de Wagner, la cual, aunque sea ejecutada por una gran orquesta, es, pese a ello, algo íntimo. Al elegir se prefieren los efectos soleados y coloridos, y no hay nada que me impida pensar que en el futuro muchos pintores irán a trabajar a los países tropicales. Podrás hacerte una idea de la revolución pictórica al pensar, por ejemplo, en las estampas japonesas de tan brillante colorido que se ven por todas partes, paisajes y figuras. Théo y yo tenemos cientos de ellas.

De hecho, entre sus primeros autorretratos en Arlés se encuentra Autorretrato (como un Bonzo), donde orientalizó sus rasgos.

El concepto de la colonia de un pintor en el sur de Francia es la idea a la que Van Gogh recurrió una y otra vez. Su idea era que los artistas se unieran y pusieran capital en forma de cuadros que luego serían expuestos y vendidos. En su primera carta a Theo tras su llegada a Arlés, escribe:

Me parece casi imposible trabajar en París a menos que uno tenga un lugar de refugio donde pueda recuperarse y recuperar la tranquilidad y el aplomo. Sin eso, uno se volvería irremediablemente desinteresado.

Una vez que se estableció en su estudio de la casa amarilla, sintió que podía entonces volver su atención a la idea de pintar retratos. Cada retrato parece demostrar no sólo una persona, sino también un ciudadano y un papel en la sociedad, como por ejemplo, cartero, médico, madre, soldado. Los retratos de Van Gogh se elevan por encima de lo personal al nivel de la presentación de las imágenes arquetípicas de la sociedad.

Ahora, en cuanto a los retratos […] Pero, primero, antes de empezar esa línea, quiero que mis nervios estén más estables, y también encontrarme ya instalado para poder tener gente en mi estudio.


Referencias bibliográficas

  • CHIPP, Herschel B.; SELZ, Peter (colab.); TAYLOR, Joshua C. (colab.). Teorías del arte contemporáneo: fuentes artísticas y opiniones críticas. Madrid: Akal, 1995. 711 p. Fuentes del arte, Serie Mayor, 12. ISBN: 8446007972.
  • DE MICHELI, Mario. Las vanguardias artísticas del siglo XX. 2ª ed. Madrid: Alianza, 2002. 364 p. ISBN: 9788420678832.
  • GREY, Sue Ann. Vincent van Gogh, a formal and psychological analysis of the final years at Arles, Saint-Remy and Auvers [en línea]. Doctoral Dissertation. University of Louisville, 2010.

Imágenes tomadas de

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