Van Gogh a través de sus cartas (I)

Vincent van Gogh (1853-1890) ha pasado a la historia como arquetipo de artista solitario e incomprendido, pero la obra más importante del pintor, que desarrolla durante los últimos cuatro años de su vida, nace del contacto con otros artistas en París desde 1886. Allí aprende las técnicas impresionistas y entabla amistad con Émile Bernard, Gauguin, Toulouse-Lautrec, Paul Signac… Cuando en 1888 se traslada a Arlés, asimila las influencias impresionistas y las integra junto a su propio estilo personal, que tras su muerte se convertirá en ejemplo y estímulo para movimientos como el fauvismo y el expresionismo.

Nace en Zundert, Países Bajos, en el seno de una familia de pastores calvinistas y marchantes de arte. Ya en su adolescencia decide ser marchante, dedicándose así a una profesión arraigada en su familia. Tres de sus tíos eran marchantes de éxito y uno había llegado a ser el socio principal de Goupil y Cía., una de las galerías más importantes de Europa.
En 1869, a los dieciséis años, se convertiría en empleado de la galería, trabajando en una sucursal de La Haya durante tres años. En 1872 es ascendido y se traslada a la sucursal de Londres durante dos años y, finalmente, en 1874, a la sucursal central de París. Allí se ocupó en profundidad al estudio de la Biblia, que le condujo finalmente a su malestar con el mundo de los negocios y a su renuncia de Goupil y Cía en 1875.
Desde 1875 a 1880, fracasó en todos sus intentos por convertirse en pastor religioso y pertenecer a la iglesia. Van Gogh tenía una idea viva de la religión, incorporada a la realidad de aquellos hombres entre los cuales le habría gustado pasar su vida.
A sus veintisiete años, había rechazado la profesión de sus tíos y había fracasado en la profesión de su padre y su abuelo.

En Amsterdam, Laeken, Wasmes, Etten, Drenthe, Nuenen y Amberes, en todos los lugares en que vivió antes de su viaje a París, la realidad que había observado era la misma: hombres que trabajaban en las fábricas, en las minas, en los campos… Incluso cuando le suspenden de predicador, este es el mundo que le sigue interesando, y que se reflejará más tarde en sus obras:

Me levanté temprano y vi a los obreros llegar a la obra con un sol magnífico. Te hubiera gustado ver el aspecto particular de este río de personajes negros, grandes y pequeños, primero en la estrecha calle donde había poco sol y luego en el tajo […].

Me mezclé tan íntimamente en la vida de los campesinos a fuerza de verlos constantemente a todas las horas del día, que ya no me siento atraído por ninguna otra idea […].

En este contexto, en 1880, Van Gogh decide finalmente dedicarse a la pintura. Su deseo de ser artista fue anterior a saber pintar, reforzado por sus experiencias como marchante e influenciado por su sentimiento religioso. De su interés por los trabajadores y la gente de pueblo nace en su pintura el sentido realista cargado de contenido social, eligiendo como maestros aquellos pintores que se habían dedicado a representar campesinos, obreros, artesanos… como Millet, Courbet, Daumier o Delacroix. En ellos veía ejemplos para hacer lo que “sentía”.

En una carta a su hermano Theo hace alusión a sus reiterados fracasos durante estos años:

Soy un hombre de pasiones, capaz de hacer las cosas más absurdas y depender de ellas, de lo que me arrepiento, más o menos, después… ¿Debo considerarme a mí mismo como un hombre peligroso, incapaz de hacer nada?… Mi único tormento es saber cómo puedo ser útil en el mundo. ¿No puedo dedicarme a algún proyecto y servir de algo?
Y entonces se siente un vacío donde podría haber amistad y afectos fuertes y serios, y se siente un terrible desánimo que mina la energía moral misma, y el destino parece poner una barrera a los instintos afectivos, y una marea de náusea sube a la garganta, y entonces se exclama: “¿Hasta cuándo, Dios mío?”.

Escribe también de su añoranza por los cuadros, por los que había sentido pasión en su época de marchante, y de su propósito encontrado:

¡Yo sirvo para algo, mi vida tiene un propósito, después de todo, yo sé que podría ser un hombre totalmente distinto! ¿En qué podría ser útil, para qué podría servir? ¿Hay algo dentro de mí? ¿Qué puede ser?

Y habla del arte como hablaba de su religión, como una forma de acercarse a Dios:

Intentar comprender el significado real de lo que los grandes artistas, los artistas serios, nos dicen en sus obras maestras, eso nos lleva hacia Dios…

Llegar a ser pintor no solo satisfizo su deseo por el arte, sino también sus necesidades religiosas, que Van Gogh une al arte. Encontró un propósito para su vida que le permitió canalizar sus pasiones y se dedicó a una profesión que consideraba socialmente útil.

No son muy abundantes las declaraciones de Van Gogh relacionadas con sus ideas y teorías acerca del arte, y estas son casi siempre sencillas y directas. A pesar de la abundante correspondencia de la que se tiene constancia (cerca de 1000 cartas), aquellas relacionadas con los aspectos artísticos del autor pertenecen a un período muy corto, los breves y fructíferos meses en los que Van Gogh se instaló en Arlés de 1888 a 1889. Las razones por las que estas ideas y teorías aparecen precisamente en esta época se explican en el aislamiento del que pudo disfrutar después de dos años en París, donde vivía con su hermano Theo y se relacionaba con los artistas de los estudios y cafés.

Su idea moral de lo que significa ser un artista, junto a su profundo espíritu religioso, no le permitía aprobar la despreocupación bohemia de sus coetáneos. Instaló su estudio en la Casa Amarilla de Arlés, donde pudo considerarse a sí mismo como un artista independiente, con tiempo y tranquilidad para dedicarse a todo aquello que le había interesado en París.
Acostumbrado a los fríos y pálidos tonos del norte de Francia, en contraste, el sol, el cielo y los colores cálidos de la tierra del sur le recordaban al color de las estampas japonesas, a la vez que ponía en práctica las lecciones que había aprendido de los impresionistas y de los neoimpresionistas. Por tanto, las cartas escritas por Van Gogh durante estos primeros meses en Arlés, mientras fusionaba su propio estilo con lo aprendido en París, están cargadas de referencias a sus amigos y meditaciones sobre el arte.

Van Gogh buscaba la intensidad de la expresión, pero siempre expresión de la realidad, o del hombre añadido a la naturaleza.

No conozco mejor definición de la palabra arte que ésta: “El arte es el hombre añadido a la naturaleza”. La naturaleza, la realidad, la verdad, pero con un significado, con una concepción, con un carácter que el artista hace salir y a los que da expresión.

Para él, la expresión consistía en “hacer salir” de las cosas su significado, asegurando siempre la verdad de lo real. Con esta mentalidad pinta Van Gogh Comedores de patatas, considerado el primer gran cuadro del artista.

[…] He querido poner de relieve que esas gentes que comen patatas a la luz de la lámpara han trabajado la tierra con las mismas manos que meten en el plato, de modo que mi cuadro exalta el trabajo manual y el cómo ellos se han ganado honradamente su sustento.
He querido reflejar una forma de vivir totalmente distinta de la nuestra, gente civilizada. Por eso, no estoy muy impaciente porque guste o sea admirado lo más mínimo por nadie.
Durante todo el invierno he tenido en mis manos los hilos de este tejido y he estado buscando el diseño definitivo, y si bien ha llegado a ser algo rudo y basto, con todo, los hilos han sido elegidos cuidadosamente y de acuerdo con ciertas reglas. Y bien podría suceder que fuese un verdadero retrato campesino. Se que lo es. Pero quien prefiera ver a los campesinos con sus ropas de domingo, que pase de largo. Personalmente estoy convencido de lograr mejores resultados pintándoles en toda su rudeza que dotándoles de un primor convencional.
Pienso que una muchacha campesina es más hermosa que una dama, con su polvorienta y remendada falda azul y su corpiño, y que el tiempo, el viento y el sol le proporcionan los más delicados colores. Pero si se pone un vestido de señora, pierde su peculiar encanto. Un campesino es más verdadero con sus ropas de fustán trabajando en las tierras que cuando va el domingo a misa con una especie de levita
De igual modo pienso que sería un error el dar a un cuadro de campesinos una cierta delicadeza convencional Si una pintura de éstas huele a tocino, humo, vaho de patatas, pues muy bien, eso no es malsano; si un establo huele a estiércol, de acuerdo, es lo propio de un establo; si el campo huele a trigo maduro o a patatas, o a abono, o a fiemo, eso es sano, sobre todo para las gentes de la ciudad.

En 1883, con treinta años, Van Gogh había abandonado las clases de pintura en las academias de Bruselas y La Haya y había vuelto a Neunen. Se dedicó entonces por completo a la pintura, merodeando por los alrededores para retratar a los campesinos. Es precisamente este cuadro, Comedores de patatas, el más grande de los que hizo.
Durante estos años, pintó sus cuadros oscuros y los personajes que “sentía”.

Antes de su llegada a París en 1886, que influenciaría su obra de forma muy significativa debido a los artistas impresionistas con los que entabló relaciones, Van Gogh hace suyos los valores de 1848. Imaginándose a sí mismo en esa época, se pone en la piel de los revolucionarios y rebeldes en las barricadas:

En cuanto a hombres y en cuanto a pintores, la generación de 1848 me es más grata que la de 1884; y en lo tocante a 1848, no me refiero a Guizot, sino a los revolucionarios, a Michelet y también a los pintores campesinos de Barbizon


Referencias bibliográficas

  • CHIPP, Herschel B.; SELZ, Peter (colab.); TAYLOR, Joshua C. (colab.). Teorías del arte contemporáneo: fuentes artísticas y opiniones críticas. Madrid: Akal, 1995. 711 p. Fuentes del arte, Serie Mayor, 12. ISBN: 8446007972.
  • DE MICHELI, Mario. Las vanguardias artísticas del siglo XX. 2ª ed. Madrid: Alianza, 2002. 364 p. ISBN: 9788420678832.
  • RAMÍREZ, J. A. (dir.): El Mundo Contemporáneo. [Textos de J. BRIHUEGA, J. HERNANDO, J.A. RAMÍREZ, T. RAQUEJO, C. REYERO, J. SAINZ, F.J. SAN MARTIN y G. SOLANA]. Historia del Arte, Vol. IV. Madrid: Alianza Editorial, 2012. 463p. ISBN: 9788420694849.

Imágenes tomadas de

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